Esta acabado
- Agitación
- 13 oct 2021
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La Fiscal que lo interrogó por violaciones a los derechos humanos, ahora lo investigará por delitos financieros. Sebastián Piñera tiene al menos nueve flancos abiertos que marcan el fracaso de su gestión, al borde de que una acusación constitucional en su contra sea cursada.
13 de octubre de 2021 | 14:13

* Por Gonzalo Magueda para “El Siglo”
El Presidente Sebastián Piñera está acabado. Le quedan cinco meses de gestión y deberá dedicarlos a sobrevivir como jefe del Ejecutivo. Hace un par de meses, un equipo del segundo piso de La Moneda se puso a trabajar en intentar construir un relato de su administración; ahora se tuvieron que poner a trabajar un grupo de abogados para salvar a Piñera de un proceso por delitos financieros. Ésa es una síntesis en el ocaso de su período.
Tan solo el hecho de que la Fiscal Regional de Valparaíso, Claudia Perivancich, tuviera que interrogar a Piñera hace unos meses por un proceso por violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, y ahora ella tenga que iniciar una indagación por posible involucramiento del mandatario en delitos de cohecho y soborno, da cuenta del estado de cosas del Presidente de Chile.
Si bien están abiertas indagatorias judiciales, una acusación constitucional, investigaciones y exigencias de aclaración de dudas en contra de Sebastián Piñera por su liga en negocios oscuros de la “Minera Dominga” (donde juega un rol protagónico su amigo Carlos Alberto Delano, conocido financista local) con antecedentes graves dados a conocer en los “Papeles de Pandora”, el mandatario tiene, a lo menos, nueve flancos abiertos y que forman parte de su desastrosa gestión, que tiene, para empezar, dos negativos record: ser el único Presidente sometido a dos acusaciones constitucionales en el Parlamento y tener la más baja aprobación de un mandatario, llegando durante meses a los seis puntos.
-Está acusado de ser responsable político y como jefe del Estado de violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, sobre todo por sucesos ocurridos a partir de la revuelta social de 2019. Debió someterse a un proceso judicial en una Fiscalía del país y está en carpeta un proceso en su contra en la Corte Penal Internacional.
-Está frente a una acusación constitucional por comprometer el honor de la Nación y el principio de probidad establecido en la Constitución chilena.
-Está instalado en la opinión pública que el mandatario jamás separó los negocios financieros y especulativos, de su gestión como Presidente de la República, socavando la figura presidencial.
-Está cuestionado por una prolongada demora en tomar medidas de apoyo social a millones de familias durante la pandemia del Covid-19, sin atender un alza inmensa de personas despedidas, con sueldos suspendidos o terminados y otras afectaciones que tuvo la población.
-Es conocida su incontinencia comunicacional, llena de errores no forzados, desatinos, como apuntar a que el país estaba en guerra, en una retórica repetitiva que produjo molestia en todos los sectores, y efectuar acciones mediáticas provocadoras como sacarse fotos en la Plaza de la Dignidad, sitio de manifestación popular y en contra de su Gobierno, cuando estaba vacía y cercada por la cuarentena de la pandemia del Covid-19.
-Fracasó en uno de sus objetivos prioritarios: seguridad pública y “combate al terrorismo”. Su Comando Jungla que formó en La Araucanía para combatir rebeliones indígenas, terminó con el asesinato de un joven comunero mapuche, y un proceso por diversos delitos e irregularidades cometidas por oficiales y subalternos de Carabineros. Los índices de violencia y delincuencia son pésimos durante su administración y lo único que se instaló con fuerza es terminar o reformar a Carabineros, en vez de mostrar una entidad fortalecida.
-Fracasó en establecer un liderazgo en el país, con la más alta desaprobación de un mandatario electo. Eso incluyó que perdió toda capacidad de liderazgo dentro de la derecha y la ultraderecha, su propio sector.
-Cuando inició su mandato rechazó trabajar por una nueva Constitución y sepultó el proceso constituyente llevado adelante durante el Gobierno de Michelle Bachelet. El movimiento social y la sociedad civil provocaron el reinicio de ese proceso y ahora Chile está en camino a una nueva Carta Magna, en otro estrepitoso fracaso estratégico de Piñera.
-Los primeros años de su Gobierno quiso establecer un liderazgo en América Latina y promovió instancias regionales con otros gobiernos de derecha, viajó a la frontera de Colombia y Venezuela para liderar una operación para derrocar al Presidente venezolano, Nicolás Maduro, trabajó por la coordinación de la derecha y la ultraderecha del continente y Europa y dijo que Chile “es una isla” en referencia una supuesta situación de estabilidad social y política. Todo eso se fue al basurero. Piñera nunca más tuvo política exterior. Y quiso disfrazar aquellos realizando un último viaje en sus meses de agonía: fue a Colombia, Uruguay y Paraguay, donde los presidentes de derecha de esos países fueron los únicos disponibles a recibirlo. La gira pasó casi desapercibida en Chile.
El tiempo se le acabó. Está corriendo desesperado por cerrar algunos de esos flancos. Sólo frente a la indagación por “Minera Dominga” y “Papeles de Pandora”, en una semana tuvo que salir dos veces a los patios de La Moneda a dar explicaciones y victimizarse, diciendo que “el hecho de ser Presidente me ha significado perjuicios en lo personal y no beneficios” (sic) y que los procesos abiertos le causan “dolor” a él y su familia. Para peor, después de ambas salidas comunicacionales, vino una avalancha de declaraciones, incluso de personeros de la derecha, diciendo que el Presidente no aclaró nada y dejó muchas dudas sobre su actuación en el caso “Dominga”.
Tanto él como en su entorno, están en un momento de alta tensión porque la acusación constitucional en su contra podría prosperar en la Cámara de Diputadas y Diputados, donde estarían los 78 votos que se necesitan, con toda la oposición alineada como nunca y hasta con posibles votos de legisladores del oficialismo dada la gravedad de los antecedentes contra el mandatario. De aprobarse, esa acusación pasa a la Cámara Alta, donde sería más difícil concretarla, pero como sea, si tiene luz verde en la Cámara Baja es parte del fin de Piñera.
Por lo demás, hay una puerta peligrosa ya abierta con la indagación de la Fiscalía, que podría terminar en la materialización de un procesamiento y hasta condena de Sebastián Piñera por delitos financieros, que terminaría acabándolo en su carrera política y como hombre de negocios. Si eso no prospera, de igual manera está instalado su vínculo con negocios oscuros. Hay que esperar lo que pase con su amigo, Carlos Alberto Délano, de nuevo vuelto a investigar por corrupción y delitos financieros, ahora por “Minera Dominga” y “Papeles de Pandora”, ligado a la familia Piñera; porque los Piñera continuaron haciendo negocios con él, pese a ser procesado y condenado por financiamiento ilegal de la política y corrupción.
Sebastián Piñera tiene una biografía personal, política y de negocios bastante controversial, que incluyen haberlo declarado reo (Caso Banco de Talca), virajes políticos traumáticos, episodios de espionaje (Piñeragate), quiebres en el que fue su partido (Renovación Nacional), escándalos financieros (Casos “Chispas”, “Lan-Chile” y “Publicam”, “Empresas Zombi”) y un continuo en verse metido en operaciones en “paraísos fiscales”, de sacada de dineros del país y el no pago de impuestos.
En todo este contexto, legisladores, analistas y dirigentes políticos y sociales han insistido en que Piñera tiene un problema con la ética y los valores de probidad, que se suma a los sucesos concretos en que ha estado involucrado. Hay una construcción de un personaje gris, controversial, cuestionado, tramposo, siempre al borde del delito.
Como sea, está llegando al final de su mandato, acabado. Es difícil que pueda remontar en todos sus flancos abiertos. Considerando que varios procesos judiciales nacionales e internacionales en su contra seguirán abierto cuando sea ex presidente. Está en un cuadro sumamente complicado.
Fuente: El Siglo.
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