EL PARTIDO SOCIALISTA Y EL REVOLUCIONARISMO APARTIDISTA (extractos)
- Agitación
- 18 jul 2020
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Naturalmente, la posición especial que ocupa el proletariado en la sociedad capitalista es causa de que la simpatía de los obreros por el socialismo, de que la unión de obreros con el partido socialista, surjan con fuerza espontánea en las etapas iniciales del movimiento. Pero las reivindicaciones puramente socialistas son aún cosa del futuro; en primer plano figuran las reivindicaciones democráticas de os obreros en la esfera política y las reivindicaciones económicas compatibles con el capitalismo. Inclusive, el proletariado hace la revolución, por así decirlo, dentro de los límites del programa mínimo y no del programa máximo. Ni que hablar del campesinado, de esa gigantesca masa de la población, abrumadora por su número. Su "programa máximo", sus objetivos finales, no van más allá de los límites del capitalismo, el cual se desarrollaría con más amplitud y pujanza aun si toda la tierra pasara a manos de todo el campesinado y de todo el pueblo. La revolución campesina es hoy una revolución burguesa, por mucho que "lastimen" estas palabras al oído sentimental de los sentimentales caballeros de nuestro socialismo pequeñoburgués.
El carácter de la revolución en desarrollo, que hemos descrito, da origen, naturalmente, a organizaciones que no son de partido. El movimiento en su conjunto adquiere inevitablemente un sello de apartidismo, apariencia apartidista; pero, claro está, solo apariencia. La necesidad de una vida "humana" y civilizada, de organizarse en defensa de la dignidad humana, de los propios derechos como hombre y ciudadano, abarca a todos, une a todas las clases, rebasa con gigantesco ímpetu todas las fronteras de partido, conmueve a personas que están muy lejos todavía de poder elevarse hasta una posición partidista. La necesidad vital de conquistar derechos y reformas inmediatas, elementales, esenciales, relega a segundo plano por así decirlo, toda idea y toda consideración acerca de lo que vendrá después.
La preocupación por la lucha presente, necesaria y legítima, porque sin ella el éxito en la lucha es imposible, obliga a idealizar esos objetivos inmediatos y elementales, los pinta de color rosa e inclusive los envuelve a veces en un ropaje fantástico. (...)
Cabe preguntar ahora: ¿cuál debe ser la actitud de los integrantes, de los representantes de las diversas clases, este hecho del apartidismo, ante la idea del apartidismo? Debe ser, no en el sentido subjetivo, o sea qué actitud sería deseable ante este hecho, sino en el sentido objetivo, es decir, qué actitud imponen los intereses y los puntos de vista de las diversas clases.
II
Como ya dijimos, el apartidismo es un producto o, si se quiere, una expresión del carácter burgués de nuestra revolución. La burguesía no puede dejar de tender al apartidismo, pues la ausencia de partidos entre quienes luchan por la liberación de la sociedad burguesa implica la ausencia de una nueva lucha contra esa misma sociedad burguesa. Quien libra una lucha "apartidista" por la libertad, no comprende el carácter burgués de la libertad, o bien santifica el sistema burgués o bien aplaza la lucha contra ese régimen, su "perfeccionamiento" para las calendas griegas. Y a la inversa, quien consciente o inconscientemente es adicto al régimen burgués no puede dejar de sentirse atraído por la idea del apartidismo.
En una sociedad basada en la división en clases, la lucha entre las clases hostiles se convierte indefectiblemente, en determinada etapa de su desarrollo, en lucha política. La lucha entre los partidos es la expresión más íntegra, completa y específica de la lucha política de clases. El apartidismo significa indiferencia ante la lucha de los partidos. Pero esa indiferencia no es equivalente a la neutralidad, a la abstención en la lucha, pues en la lucha de clases no puede haber neutrales, en la sociedad capitalista no es posible "abstenerse" de participar en el intercambio de productos o de fuera de trabajo. Y el intercambio engendra, indefectiblemente, la lucha económica, y tras ella la lucha política. Por eso, permanecer indiferente ante la lucha no significa, en realidad, apartarse o abstenerse de la lucha sin ser neutral. La indiferencia es el apoyo tácito al fuerte, al que domina. En Rusia, el que fue indiferente a la autocracia antes de su caída en la revolución de octubre, tácitamente apoyaba a la autocracia. En la Europa de hoy, los que son indiferentes a la dominación de la burguesía, tácitamente apoyan a la burguesía. Quien es indiferente ante la idea de que la lucha por la liberta es de carácter burgués, apoya tácitamente la dominación de la burguesía en esa lucha, en la Rusia libre que se está construyendo. La indiferencia política no es otra cosa que saciedad política. El que está ahíto es "indiferente" e "insensible" ante un pedazo de pan; pero el hambriento siempre tomará "partido" frente a un pedazo de pan. La "indiferencia y la insensibilidad" de una persona ante un pedazo de pan no significan que no tiene necesidad de pan, sino que lo tiene asegurado, que jamás le falta, que se ha instalado sólidamente en el "partido" de los saciados. En la sociedad burguesa, el apartidismo es la forma hipócrita, disimulada, pasiva, de expresar adhesión al partido de los ahítos, de los que dominan, de los explotadores.
El apartidismo es una idea burguesa. El espíritu de partido es una idea socialista. Esta tesis es aplicable, en general, a toda sociedad burguesa. Desde luego, hay que saber aplicar esta verdad general a los distintos problemas y casos particulares. (...)
¿Es admisible la participación de los socialistas en organizaciones apartidistas? Si lo es, ¿en qué condiciones y qué táctica debe seguirse en esas organizaciones?
A la primera pregunta no se puede contestar con un no absoluto y categórico. Sería erróneo afirmar que en todos los casos y en cualquier circunstancia es inadmisible la participación de los socialistas en organizaciones apartidistas (es decir, más o menos cociente o inconscientemente burguesas). En el período de la revolución democrática, la renuncia a participar en organizaciones apartidistas equivaldría en ciertos casos a renunciar a participar en la revolución democrática. Pero es indudable que los socialistas deben delimitar estrictamente estos "ciertos casos" y que solo pueden admitir esa participación en condiciones definidas y limitadas de modo riguroso. Pues si las organizaciones apartidistas son engendradas, como hemos dicho, por un nivel relativamente bajo de desarrollo de la lucha de clases, por otra parte, el riguroso espíritu de partido es una de las condiciones que transforman la lucha de clases en una lucha consciente, clara y definida en materia de principios.
Defender la independencia ideológica y política del partido del proletariado es la obligación constante, inmutable y absoluta de los socialistas. Quien no cumple con esta obligación, deja en la práctica de ser socialista, por muy sinceras que sean sus convicciones "socialistas". Para los socialistas participar en organizaciones apartidistas es solo admisible como excepción. Y los propios fines de esta participación su carácter, sus condiciones, etc., deben subordinarse por entero a la tarea fundamental: preparar y organizar al proletariado socialista para la dirección consciente de la revolución socialista.
Las circunstancias pueden obligarnos a participar en organizaciones apartidistas, sobre todo en el período de la revolución democrática y, en particular, de una revolución democrática en la que el proletariado desempeña un papel relevante. Tal participación puede ser necesaria, por ejemplo, para difundir el socialismo ante un auditorio democrático no definido o en interés de la lucha conjunta de socialistas y demócratas revolucionarios frente a la contra-revolución. En el primer caso, esa participación será un medio de dar a conocer nuestras ideas; en el segundo, un pacto de lucha en aras de la consecución de determinados objetivos revolucionarios. En ambos casos, la participación sólo puede ser temporaria. En ambos casos sólo es admisible a condición de resguardar en forma total la independencia del partido obrero y a condición de que el partido en su conjunto vigile y oriente a sus miembros o a los grupos "delegados" en las asociaciones o los soviets apartidistas.
(...)
Los informes sobre la actividad de los socialdemócratas en las asociaciones o los soviet sin partido y sobre las condiciones y los objetivos de dicha actividad, así como las resoluciones de cualquier tipo de organizaciones del partido a propósito de esa actividad, deben incorporarse a la labor práctica del partido obrero.
Solo tal participación real del partido en su conjunto en la orientación de todas las actividades de ese carácter puede contraponer en los hechos el trabajo verdaderamente socialista al trabajo democrático general.
¿Qué táctica debemos aplicar en las asociaciones apartidistas? En primer término, aprovechar toda posibilidad de establecer nuestros propios contactos y de difundir nuestro programa socialista íntegro. En segundo término, determinar las tareas políticas inmediatas, del momento, tomando como objetivo el cumplimiento más completo y categórico de la revolución democrática; dar consignas políticas de la revolución democrática, formular el "programa" de las trasnformaciones que deben llevar a cabo los demócratas revolucionarios, militantes, a diferencia de los demócratas liberales que negocian.
Solo en esas condiciones puede ser admisible y fecunda la participación de los miembros de nuestro partido en las organizaciones revolucionarias apartidistas, creadas hoy por los obreros, mañana por los campesinos, pasado mañana por los soldados, etc.
Solo en esas condiciones podremos cumplir la doble tarea del partido obrero en la revolución burguesa: llevar hasta el fin la revolución democrática; ampliar y consolidar las fuerzas del proletariado socialista, que necesita la libertad para desarrollar una lucha implacable contra la dominación del capital.
(Nóvaia Zhizn, núms. 22 y 27, 26 de noviembre y 2 de diciembre de 1905.)
Fuente: V. I. Lenin. Obras Completas. Tomo X. Pág 69. Editorial Cartago.
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